Obtención de sangre

El análisis de sangre es uno de los procedimientos diagnósticos más habituales en la práctica sanitaria para la valoración biomédica del estado de la persona, ya que nos da información sobre la concentración y las características de los constituyentes normales y sobre la presencia de los que se encuentran en el curso de diversas alteraciones orgánicas.

En los diferentes tipos de análisis, pueden determinarse múltiples parámetros hematológicos, bioquímicos o microbiológicos, ya sean rutinarios o bien solicitados de manera específica.

La mayor parte de los análisis se realizan a partir de una muestra de sangre venosa, obtenida mediante punción de los vasos superficiales del antebrazo (venas cubitales, cefálica, mediana basílica), aunque la muestra también puede obtenerse de venas de la muñeca, del dorso de la mano o del pie y, en última instancia, de cualquier vena superficial del cuerpo.

En algunos casos puede utilizarse una muestra de sangre capilar, obtenida mediante punción con lanceta en el dedo o en el lóbulo de la oreja.

En ocasiones se requiere una muestra de sangre arterial, obtenida mediante punción de las arterias radial, humeral o femoral (por ejemplo la gasometría).

Consideraciones de enfermería:

-Debe explicarse a la persona con claridad la técnica que se va a realizar y la razón para efectuarla, siempre teniendo en cuenta su estado emocional, dado que puede encontrarse ansiosa o atemorizada ante la extracción.

-Conviene aclarar a la persona que aunque la cantidad de sangre extraída parezca excesiva, en realidad se trata de un volumen muy reducido y que su extracción no comportará problemas orgánicos de ningún tipo.

-Conviene efectuar la extracción de sangre con la persona en decúbito, puesto que si es muy aprensivo puede sufrir un desvanecimiento ante la vista de sangre; si está sentado, deben adoptarse las precauciones oportunas para evitar caídas.

-Los requisitos de obtención de la muestra dependen del análisis a efectuar, debiéndose respetar las indicaciones del laboratorio. Para los estudios más habituales, la persona debe estar en ayunas, por lo que conviene respetar esta norma excepto cuando se indica lo contrario.

-Previamente a la extracción de sangre, deben investigarse antecedentes de problemas de coagulación o de administración de tratamiento anticoagualante, a fin de adoptar las precauciones adecuadas para prevenir hemorragias.

-Todo el material utilizado para la extracción de sangre debe ser estéril; si, en el curso de la maniobra, la aguja se contamina accidentalmente, debe sustituirse por otra estéril.

-Una vez obtenida, la muestra debe remitirse al laboratorio lo más rápidamente posible, correctamente identificada y con todas las puntualizaciones correspondientes en la solicitud.

-Después de la extracción, deben adoptarse las debidas precauciones en la manipulación de la aguja a fin de evitar riesgos de exposición accidental: la aguja no debe taparse con el protector; ni se tiene que tocar con las manos, doblar o romper; y tampoco hay que separarla de la jeringa cuando no sea indispensable. Las agujas y las jeringas deben desecharse en contenedores especiales.

-Si se lleva a cabo una extracción de sangre arterial, debe tenerse presente que cualquier defecto en la forma o tiempo de comprensión del sitio de punción comporta riesgo de hemorragia. Debe mantenerse una compresión de la zona como mínimo durante 5 minutos, y si la persona presenta un trastorno de la coagulación o recibe tratamiento anticoagulante, el período debe ser más prolongado.

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